Es hora de salir del rebaño (crónica de una apostasía)


Cuando uno nace y es bautizado por el rito de la secta católica, automáticamente es inscrito en un registro, que más allá de ser algo puramente testimonial, sirve para que la iglesia pueda efectuar su censo de fieles.

Que me contabilicen en este censo ya de por sí me jode bastante porque cuando me bautizaron me fue imposible manifestar mi desacuerdo con la gentuza de esta secta, pero que utilicen mi nombre para sacar pasta todos los años es algo que asciende a las más altas cotas de sinvergonzonería por su parte.

Debido a la opresión moral que se vivía en España cuando nací, mis padres prefirieron bautizarme, más por evitar desagradables consecuencias con los fundamentalistas cristianos que por aquel entonces partían el bacalao, que por su fidelidad a la doctrina católica, apostólica y romana.

Cuando me llegó la edad de hacer la primera comunión, ya estaba lo suficientemente espabilado como para saber que ese rito tan ridículo se hacía únicamente por el afán infantil de recibir regalos y dinero. Mirado desde una óptica lógica, es exactamente lo mismo que poner a un burro una zanahoria atada a un palo.

Un buen día alguien se me acercó para entregarme una propaganda a favor de la apostasía. Yo no tenía ni puta idea de qué era eso de la apostasía, pero tras leer aquel panfleto me di cuenta de que apostatar era algo que siempre había querido hacer y que de alguna manera respondía perfectamente a mi sentimiento anticristiano y antiparasitario.

Apostatar es realizar las gestiones oportunas para causar baja en los listados de la iglesia con todas las consecuencias que esto pueda acarrear, que para quien apostata consisten en liberarse moralmente del yugo teológico impuesto desde el nacimiento, mientras que para la iglesia supone una gran putada al no poder volver a incluir a la persona apóstata en su listado de cristianos.

La consecuencia más significativa de esta putada para la basura vaticana es que cuanto menor es el número de fieles censados en sus filas, menor es la cantidad de dinero que reciben del estado anualmente como secta predominante.

Por fin los anticristianos podemos borrarnos de esta secta, pero... ¿cómo?

Lo primero que hay que hacer es ir a la iglesia donde se recibió el bautismo. En mi caso fue algo más que traumático porque cuando salí de ese templo edificado en nombre de algo que no existe, tuve que tirar mis zapatillas deportivas porque se habían ensuciado con el estigma del cristianismo.

Una vez allí hay que solicitar lo que se llama “partida de bautismo”, que realmente debería llamarse “documento acreditativo de pertenencia a secta peligrosa”, pero que no se llama así porque no suena bien y porque lo manejan los mismos que defienden esa organización presuntamente honrada.

Fiel a la tradición de esta organización teológica, el hombre que me atendió intentó enterarse del motivo que me había llevado a solicitar mi partida de bautismo. Habría molado responderle que me había quedado sin papel para limpiarme el culo, pero por no discutir, le dije que me iba a casar y que era uno de los documentos que me pedían.

Tiene cojones; treinta segundos después de entrar en las dependencias de la secta cristiana y ya había incumplido uno de sus mandamientos al contar aquella mentirijilla.

Como anécdota debo reconocer que incumplí al menos otro mandamiento más, concretamente el que hace referencia a no cometer actos impuros, y el de no desear los bienes ajenos. Pero me contuve y no puse en práctica mis ganas de materializar dichos incumplimientos.

Total, que con toda su buena cara de cristiano, el tío abrió un armario en cuyo interior se encontraban decenas de libros más gordos que mi historial delictivo, y extrajo uno de ellos, donde tras buscar en el índice, lo abrió por la página donde figuraba mi nombre y algunos otros datos que sinceramente, no tienen la menor trascendencia.

A pesar de ser la iglesia católica una religión anclada en el pasado, muchos de sus miembros ya reúnen conocimientos informáticos, y poseen ordenadores, así que a los pocos minutos, aquel hombre me entregó mi partida de bautismo impecablemente escrita, y convenientemente sellada y firmada por la máxima autoridad de esa parroquia.

Creí que con dar las gracias era más que suficiente, pero me quedé de piedra cuando aquel hombre me miró fijamente y me dijo... “son tres euros”.

No se les escapa ni una a esta gente. Allí donde puedan saquear un céntimo, les tienes dispuestos a incrementar su cuenta bancaria. Jooooder, ¿tres euros por un papel, un sello y una firma? ¡Me cago en la leche puta, que me den un sello y un boli, que me voy a forrar!

Sonreí tratando de disimular mi mala hostia por el robo al que acababan de someterme. Con toda seguridad aquel hombre pensaba que mi sonrisa era debida a que me faltaba un poco menos para contraer matrimonio según los ritos de su secta, pero dios y yo sabíamos perfectamente que mi sonrisa estaba causada porque ese era el primer trámite obligado para darme de baja en lo que a mi juicio es una secta peligrosa, destructiva, y lo peor de todo, legal.

El siguiente paso es enviar esta carta a la diócesis a la que pertenece la iglesia donde me bautizaron, y solicitar por escrito la baja en su secta, acompañando a esta solicitud la partida de bautismo.

En teoría es lo único que falta por hacer para que me borren de la lista de borregos, pero como la iglesia no tiene ni putas ganas de que se le borren los fieles porque se quedan sin pasta; seguramente intentarán ponerme pegas.


He tenido noticias de casos en los que no ha habido ningún problema y han cumplido perfectamente con la solicitud, pero también he sabido que a muchas personas que han solicitado la apostasía, les han respondido que la iglesia no tiene ningún censo de fieles y que en consecuencia, no pueden hacer efectivo lo que se les está solicitando.

Para intentar que esta situación no llegue a darse, está bien que en la solicitud de apostasía se especifique el expreso deseo de que se efectúe una nota en el margen del acta bautismal (el libro donde apuntan los datos relativos al bautismo del solicitante), donde se vea claramente que esa persona he realizado acto de apostasía.

Para terminar con este tema, también es aconsejable advertir a la diócesis que si hacen caso omiso de la solicitud de apostasía, se interpondrá la correspondiente denuncia ante la agencia de protección de datos, pues está legalmente reconocido que todo ciudadano tiene derecho a la modificación, cancelación o anulación de sus datos.

Según dice la constitución española, el ciudadano tiene derecho a la libertad religiosa, así que si uno no cree en la existencia de ningún dios, es obvio que tiene derecho a que se le reconozca esta circunstancia y sea dado de baja en cuanto lo solicite.

Aquí debajo os dejo unos cuantos links donde podréis encontrar mucha más información sobre la apostasía; incluidos algunos modelos de la solicitud que debe enviarse a la diócesis correspondiente para realizarla.

http://perso.wanadoo.es/estudioateo
http://www.izqrepublicana.es/apostasia.htm
http://gaiaxxi.trota-mundos.com/?p=61
http://agora.ya.com/13m2004/13m_iniciativa4.html
http://www.pepe-rodriguez.com/Cristianismo/Derechos/Apostatar_formulario.htm
http://www.sindioses.org/directorio/ateismo.html
http://www.federacionatea.org/

Hay muchas más páginas, tú mism@,

Fdo.: Kikar.

1 comentarios:

Manchega

10:17 a. m.

Hola, buenos días. Me ha gustado mucho tu relato a cerca de lo que supuso para tí el camino hacia la apostasía, pero, ¿Lo has conseguido al fin? Estoy informándome a cerca de este tema porque como bien dices "La Iglesia", es una secta, para mí una mafia de mucho cuidao... y por ello, una vez que nosotros tenemos uso de razón, también optar de utilizar nuestra relativa libertad para despojarnos de ese grupo, que a veces es más cristiano que humano simplemente.
Ah, si cuando vaya a por mi partida de nacimiento, intentan sacarme 3 euros, serás informado, porque quien sabe, quizás saquen más, o a lo mejor no piden nada... Ya te contaré.

Un saludo y cuídate.

rte: manchega2006@yahoo.es